No em contis històries si no és pel plaer de contar-les i, sobretot, no em contis històries perquè les escrigui!

Juan Tallón ho explica de meravella al seu post “No me cuentes historias”.

Descartemos el revólver

Henry Melville tenía 33 años cuando se dirigió por carta a su admirado amigo el novelista Nathaniel Hawthorne para contarle la historia de Agatha Hatch, y que, si resultaba de su interés, la usase como argumento para una novela. «Creo que de este asunto sacará usted mejor provecho que yo. Es más, se diría que es la historia misma la que se siente atraída por usted», afirmaba Melville en una misiva de 1852. moby-dickHawthorne no se sintió nada atraído por la historia y rehusó escribirla.

Estos rechazos siempre me suenan a música de cámara. Algunas veces se te acerca un conocido y te dice que tiene una historia –una «historia buenísima»– para que escribas una novela con ella. Es una pena, porque justo en ese instante se jodió la posible novela. Nunca podrás escribirla. «¿Ah, sí?», preguntas de todas formas mostrando mucho interés, pero no demasiado. Tú ya sabes, sin…

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